La industria alimentaria está en una encrucijada: debe garantizar el
abastecimiento en medio del mayor desafío demográfico global de la
historia, pero minimizando los efectos adversos de su actividad, desde
los que se atribuyen a los transgénicos, hasta su impacto en el cambio
climático y la reducción de biodiversidad. Mientras se reclama un
debate de base científica y desapasionado, emerge una nueva vía
para la innovación, la que trae la democratización de las nuevas
tecnologías de la era digital.
El desafío alimentario obligará a la sociedad civil a un entendimiento
que permita conciliar el abastecimiento de una población creciente con
la biodiversidad y el cambio climático.
En los próximos años debemos aprovechar la tecnología al máximo,
dentro de los parámetros éticos y legales. Mejorar semillas y
variedades, también desde el espacio podemos monitorizar cultivos y
conocer necesidades que no percibimos a pie de campo.
El debate sobre la alimentación, no debe centrarse en las necesidades
de un grupo de personas privilegiadas, que viven en un lugar donde
hay abundancia, mientras que la gran mayoría se van a la cama con
hambre. Tenemos que buscar, no sólo la sociedad, sino la empresa y
la comunidad científica, una solución integral y no ideológica.
Los legisladores europeos van a tener que tomar la decisión sobre si
cambiamos el concepto de lo que es un transgénico. Se plantea un
gran problema porque, suponiendo que la normativa siga diciendo que
es un transgénico y que hay que etiquetarlo como tal, nadie podrá
demostrar qué tecnología se ha utilizado para producirlo.
El cambio climático es una realidad y el comportamiento de las plantas
se ve afectado Así por ejemplo en los 60, para producir una tonelada
de maíz se necesitaban 3.000 metros cuadrados, hoy 1.000, gracias a
la hibridación, Si usamos menos territorio habrá más espacio para la
biodiversidad.
La tecnología no es ni buena ni mala, es completamente agnóstica.
Debemos de hacer autocrítica, a la hora de comunicar cómo con

tecnología podemos resolver muchos problemas en colaboración con
la industria y la agricultura.
Vamos a un mundo con menos semillas disponibles o en explotación,
porque la ingeniería genética se aplica con criterios de mercado. Pero
el futuro pasa por ampliar el abanico de soluciones tecnológicas en
lugar de cerrar puertas viables, ya que el desafío alimentario es
descomunal.
Hay un proceso de acumulación clarísimo del mercado de las semillas
en manos de pocas empresas, se trata de un sector estratégico, Pero
no se trata de lanzar toda la responsabilidad a las empresas, la parte
pública debe moverse también.
La Organización Mundial de la Salud hasta la fecha no recoge ni un
solo caso escrito que diga que haya una relación entre consumo de
transgénicos y daño a la salud y al medio ambiente, son exactamente
los mismos que provoca la agricultura tradicional.
En una Comunidad como la Europea las posturas de los países están
en función de otras cosas. Sin embargo hay una tercera vía y llega de
la mano de la innovación y la democratización de tecnologías.
La “sensorización”, la” electrónica comestible”, están abriendo nuevas
oportunidades para empresas y agricultores a las que se puede
acompañar en el salto digital.
En los países desarrollados dos terceras partes de las pérdidas se
producen entre que se planta la semilla y la casa del consumidor. Se
pierden por el uso de semillas inadecuadas, por condiciones climáticas
que dañan las plantas, por estrés biótico y abiótico, la recolección, el
transporte, la entrega a mayoristas… fíjense si hay puntos para
mejorar a lo largo de la cadena alimentaria.
Los avances en la genética están en condiciones de conseguir
que cada uno de nosotros tenga diseñada una alimentación a la carta
que esté de acuerdo con su material genético.
La base de la alimentación seguirán siendo cereales, maíz y arroz. De
hecho, el arroz en estos momentos es la base de la alimentación para
el 50% de los humanos. El agricultor contará con herramientas que no 

tenía y que hace 10-15 años no soñábamos. Desde su móvil puede
revisar si se aplicó el fertilizante. Esto nos da una calidad de control,
una amplitud de control, pero principalmente una maximización de los
recursos, que es lo que buscamos: quitarle presión a los recursos.
Porque finalmente los ambientalistas y nosotros mismos tratamos de
defender un mundo sostenible.
La democratización de las nuevas tecnologías permite que no solo
unos pocos privilegiados tengan acceso a ellas, y en la UE somos
contrarios a producir transgénicos, pero los importamos y nos los
comemos.

 

Fdo. Miguel Angel Díez San José

 

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